Sugerencias para curarse a sí mismo

Comparto con ustedes este texto que aunque largo me parece muy interesante porque no estamos muy acostumbrados a hacer ciertas cosas o a tomar ciertos eventos de nuestra vida de una manera más tranquila y ese tipo de cosas luego nos empiezan a enfermar, con este texto entenderán un poco algunos de esos malos hábitos que tenemos y aprenderán como cambiarlos para así mejorar su calidad de vida.


"Incluso aquellos que estamos profundamente entregados a la evolución espiritual nos debatimos contra la adversidad. Necesitamos de ayuda algunas sugerencias que nos recuerden cómo colaborar en el proceso de transformación.
He aquí una lista de tales sugerencias:
  • Busca siempre el don de toda adversidad
  • No te permitas la autocompasión
  • Nunca culpes a otro de tus problemas
  • Cultiva una actitud agradecida
  • No evalúes tu situación ni las ajenas
  • Evita el sentimentalismo
  • Reconoce que una enfermedad no es castigo
  • Busca oportunidades para servir
  • Aprende a considerar la muerte como una curación
Busca siempre el don de toda adversidad:
Todo problema es una tarea encomendada por tu alma. Por lo tanto, debes reconocer que hay un propósito en tu problema, tu herida, tu dolencia, tu incapacidad, tu enfermedad terminal; trata de alinearte con esa adversidad, es decir: Busca lo que trata de enseñarte. Recuerda que, desde la perspectiva del alma, un cambio de conciencia tiene mucho más valor que una “cura”. Por lo tanto, sigue el sabio consejo del rey Salomón: “Con todas tus ganancias, gana entendimiento”. Haz de ese entendimiento el objetivo de tu búsqueda y ten fe en que serás recompensado. Existe un delicioso cuento sobre dos niñitos, uno optimista, pesimista el segundo. Alguien lleva al pesimista a una habitación colmada de maravillosos juguetes de todo tipo, pero en cuanto está adentro el niño se sienta junto a la puerta, haciendo pucheros. Rato más tarde lo sacan de la habitación y le preguntan por qué se sentía tan desdichado. -Estaba seguro de que, en cuanto eligiera un juguete que me gustara mucho, se me rompería- responde angustiado. Mientras tanto, el pequeño optimista ha sido llevado a una habitación llena de estiércol y allí está, cantando una canción de vaqueros, mientras excava alegremente. Cuando se lo invita a salir sacude la cabeza y continúa cavando. -Estoy seguro de que, con tanto estiércol (anuncia, entusiasta) , -¡por aquí tiene que haber un pony-. Cree en el pony. Cree en el don escondido en toda la ..... ; bueno tú me entiendes.

No te permitas la autocompasión:
Puedes pensar que un poco de autocompasión es natural y permisible, con tanto como estás sufriendo. Sin embargo, es una indulgencia odiosa que se vuelve habitual con facilidad. Una vez que se instala, el hábito de la autocompasión actúa sobre nuestra conciencia como una droga a la que somos adictos, proporcionando una seductora excusa para permitirnos más… y permitirnos la autocompasión es, como consumir habitualmente drogas, una barrera muy efectiva contra el desarrollo espiritual.

Nunca culpes a otro de tus problemas:
Culpar a otros es, como la autocompasión, una práctica permisiva que nos impide hacernos responsables de nuestra propia vida. Ninguna parte de la ley espiritual establece que otra persona tenga la culpa de nuestros problemas, ni en esta vida ni en las anteriores. Si recordamos que todas nuestras dificultades, aun aquellas vinculadas con el prójimo, cumplen en nuestra evolución una finalidad importante, reconoceremos en nuestros enemigos a los agentes de la iluminación. No obstante, esto no significa que debamos disfrutar de todos nuestros tratos con estos agentes del karma.


Un sabio refrán antiguo nos aconseja:
Cuando te enfrentes a un enemigo 1) Alábalo, 2) Bendícelo, 3) Déjalo ir.

Bendecir a nuestros enemigos, desearles todo el bien que desearíamos para nosotros mismos, es un modo excelente de alcanzar la propia liberación.

En cierta ocasión tuve que trabajar en un centro asistencial con otro terapeuta que me acosaba constantemente, me despreciaba y socavaba mi obra con nuestros pacientes. Debido a sus maniobras aprendí a ser más directa y empecinada, por lo cual trataba de estar agradecida, pero esa constante lucha con él me desgastaba. Comencé a afirmar en silencio: “Este hombre va a obtener su bien más elevado, cualquiera sea”. Un día, luego de haber estado repitiendo esta afirmación por algunas semanas, él anunció súbitamente que se iba, pues le habían ofrecido un cargo mucho mejor. Tales afirmaciones, hechas con tanto amor como sea posible, ponen en movimiento el mandato bíblico: “No has de resistir al mal, sino superarlo con el bien”.

La verdad superior oculta tras nuestras dificultades con otros es que, en realidad, estamos aquí para ayudarnos mutuamente a avanzar por el Camino. Sin negar que los problemas existen, podemos atemperar mucho las dificultades interpersonales enviando bendiciones.

Cultiva una actitud agradecida:
A veces, cuando las cosas están muy mal, una revisión de nuestras bendiciones puede servir de excelente antídoto contra la depresión insidiosa y la autocompasión. Cuanto más nos concentramos en nuestras bendiciones, más liviana se nos hace la carga. Y si también podemos apreciar los progresos que ya hemos hecho (las lecciones aprendidas y la comprensión que hemos logrado al enfrentar los desafíos previos) esto nos ayuda a tener fe en que nuestras dificultades actuales también rendirán su fruto, a su debido tiempo. Esta “actitud agradecida” no es, simplemente, un intento de restar importancia o negar una adversidad muy real, al estilo de Pollyanna. Más bien, es una disciplina espiritual que consiste en apartar el foco de la conciencia de los aspectos negativos de nuestra situación y elevarlo hacia los positivos. Al apartar los pensamientos de lo negativo, con suave firmeza, lo positivo se convierte en una parte mayor de la realidad experimentada. Un paciente drogadicto en recuperación me dijo en cierta ocasión: “¡La actitud es la mejor de todas las drogas!” Estoy de acuerdo. Y ya que podemos elegir cuál será nuestra actitud, ¿por qué no elegir una que nos eleve en vez de aplastarnos?

No evalúes tu situación ni las ajenas:
Es virtualmente imposible, durante una encarnación, evaluar en qué parte del Camino estás; tampoco suele ser posible, antes de completar la misión kármica, identificar siquiera qué se ha estado aprendiendo. Aunque es importante buscar la comprensión abriéndose a ella, una actitud crítica con respecto al propio avance es a un tiempo inadecuada y perjudicial. Confía en que, cualesquiera sean las condiciones exteriores de tu vida, estás avanzando. Evita las comparaciones con otros. En el programa de salud mental llamado Recovery Incorporated, se dice: “Las comparaciones son odiosas”. Cuando evaluamos nuestra situación frente a la de otro, estamos siempre comparando lo incomparable, pues no nos es posible ver con claridad todo el cuadro propio, mucho menos el ajeno. Respeta los temas que conciernen a tu familia y a tu grupo, así como la parte que cada uno de vosotros desempeña, sin olvidar que en este plano se necesita del contraste para aprender. A veces ese contraste se produce por medio del conflicto y, por lo tanto, alguien debe proporcionarlo. Otorga al viaje de cada uno la dignidad que merece y recuerda hacer lo mismo con el tuyo. Esotéricamente, los que encarnamos en la Tierra recibimos el nombre de “Señores de la Incesante Devoción”, apelativo que reconoce el valor y la resistencia requeridas para recorrer el camino aquí, en el plano terrestre. Confía en que, por el solo hecho de estar aquí, todos somos nobles.

Evita el sentimentalismo:
Según evolucionamos espiritualmente, aprendemos a disciplinar nuestras emociones, cultivar el desapego y ampliar nuestra perspectiva más allá de lo que es obvio, inmediato y personal. El sentimentalismo es una emotividad no esclarecida; dificulta este tipo de evolución y nos atrapa en las reacciones estereotipadas de nuestra cultura ante diversos acontecimientos. Ganar la lotería, por ejemplo. La actitud sentimental es que un sueño se hace realidad, prometiendo felicidad y libertad sin límites. Pero con la mayor libertad conferida por esos millones instantáneos viene una mayor responsabilidad por cada elección, cada acto. El ganador pierde de pronto todas las excusas financieras para no vivir feliz y satisfecho. La dulce esperanza de ser feliz algún día queda reemplazada por la exigencia de ser ahora mismo dichoso hasta el delirio. La proporción de ganadores que sufren colapsos nerviosos o cometen suicidio indica que, pese a la creencia popular, la riqueza instantánea dista de ser una garantía de felicidad. Si logramos entender que la súbita oportunidad de tener todas las cosas materiales que deseaste siempre es una prueba espiritual tan grande como la de perder todo lo que has amado, sin duda tu punto de vista está evolucionando.

Reconoce que la enfermedad no es castigo:
La enfermedad no es prueba de que tengamos defectos; tampoco indica que no estamos pensando de manera suficientemente positiva. Aunque a veces los problemas físicos indican que una zona emocional de la vida requiere nuestra atención, no siempre es así, en absoluto. A veces padecemos físicamente porque, de alguna manera misteriosa, estamos cumpliendo con el karma. Según los escritos de Edgar Cayce, muchos entre quienes lo consultaban tenían estados físicos que parecían caer en esa categoría: Enfermedades o defectos físicos que les habían sido destinados para esa vida en especial elegidos por el Yo Superior para disminuir el karma generado en una vida anterior. Algunas enfermedades son, simplemente, resultado de estar en manifestación física. Literalmente, estamos hechos de material reciclado, y en el plano terrestre hay mucha energía contaminada. El Tibetano, que dictó los múltiples volúmenes escritos por Alice Bailey, afirma que la finalidad de todo sufrimiento es limpiarnos y purificarnos. Por lo tanto, cualquiera sea la causa primordial de nuestra dolencia (problemas personales a los que no prestamos atención, deudas kármicas a pagar o contaminaciones planetarias que llevamos en nuestro vehículo físico), en cierta forma nos elevamos al soportar cualquier enfermedad que padezcamos.

Busca oportunidades de servir:
Varios de los relatos de este libro se refieren a personas que, tras haber sufrido, se dedicaron a ayudar a otros que padecían de modo similar. Ese compromiso suele ser resultado de una mayor conciencia. Pero no todos podemos servir al prójimo con asesoramiento, terapia, asistencia social, etcétera; tampoco debemos hacerlo. Hay muchas otras maneras de servir. Una de ellas es, simplemente, continuar con las actividades que realizamos normalmente, pero llevarlas a cabo con una conciencia más altamente desarrollada. El mundo necesita mucho de gente esclarecida en todas las esferas de la vida. Hay personas que debido a enfermedades, invalidez u otros factores, no pueden participar activamente en el mundo exterior. Si estás en esa situación, aun así puedes ofrecer el más elevado de todos los servicios. Thomas Merton sostiene que ese necesario punto quieto del centro de la rueda es el foco del mundo, donde se puede encontrar a Dios. Si tu estado te obliga a permanecer inmóvil, centra tu conciencia en dios, sea como fuere para ti, y ríndete a eso. Conviértete en el punto concentrado de la conciencia en el centro de la actividad. No hay nada más efectivo para causar un mayor bien en el mundo que el pensamiento puro, no contaminado por el deseo. Al dedicarte a alcanzar el contacto consciente con tu Poder superior, te conviertes en un canal para esas energías superiores que elevan, inspiran y nos guían a todos. Como una torre solitaria en la cumbre de una montaña, que irradiara un mensaje de amor y esperanza, en tu soledad y en tu silencio llevas a cabo una obra espiritual de enorme importancia en beneficio de todos nosotros, los que nos afanamos en el mundo exterior.

Aprende a considerar la muerte como curación:
La muerte es el punto en el que se cosecha todo lo que se ha ganado en determinada vida. Con frecuencia, quienes consultan a los astrólogos suponen que el ser amado, al morir, estaba bajo aspectos difíciles. No suele ser así. Con más frecuencia, los aspectos difíciles en el momento de la muerte aparecen en la carta de los sobrevivientes, pues son ellos quienes deben soportar la pérdida y los cambios que ella les impone. En el momento de morir, el difunto estaba por lo general bajo aspectos suaves y benignos, indicativos de que el abandono del cuerpo no es un hecho tan traumático, sino el pasar fácilmente a otro reino. Aun la muerte prematura, súbita o brutal, puede ser considerada como una curación, en cuanto el ser encarnado se ve libre de algo que, en el mejor de los casos, es una tarea difícil: vivir en el plano terrestre. Esotéricamente se considera que el suicidio y el asesinato son erróneos porque interrumpen de manera prematura el episodio kármico en desarrollo de un individuo, y no porque extingan una vida. La vida nunca se extingue ni se pierde en lo que llamamos muerte. Un sabio amigo mío, que acaba de celebrar su centésimo cumpleaños, me dijo hace poco, sobre una noticia que acababa de escuchar: “Dicen que hoy perdieron la vida setenta y tres personas, en un accidente de aviación. ¿No saben que la vida no se puede perder? ¡Sólo se puede perder el cuerpo! Deberían decir que hoy perdieron el cuerpo setenta y tres personas”

Del Libro: "Por Qué a Mí, Por Qué Esto, Por Qué Ahora", de Robin Norwood.

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